viernes, 4 de diciembre de 2009

CÓMO FRACASAR INCLUSO ANTES DE COMENZAR

"Todos dicen: es glorioso ganar una batalla.
Pues yo digo que es tan glorioso perderla.
¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!
¡Hurra por los muertos! ¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes vencidos!
Los infinitos héroes desconocidos valen tanto
como los héroes mas
grandes de la Historia"


Walt Whitman, Leaves of Grass


Esto lo voy a contar de esta forma porque no quiero mandar al frente a los principales protagonistas de la historia, que hoy en día son hombres de bien. De bien, digamos que mucho no lo son; pero al menos ya no planean audaces golpes internacionales para salir de pobres. Y lo de hombres, mas o menos; algunos son putos.


El escenario, Italia; los actores, Alberto, Bernardo, Carmelo y Donato, cuatro argentinos buscavidas dando vueltas por Europa. Alberto dijo: "Lo que tenemos que hacer es salir a robar". Los otros tres lo miraron con una indolencia y una apatía lindante con el cinismo.- "¿Por qué no? La cagada es que llueve"- Hubiera sido una posible respuesta. En esa época, estos cuatro sujetos eran parecidos a la Estación Constitución, de Buenos Aires; cualquier bondi los dejaba bien. "Lo que pasa es que la mayoría de los que afanan son giles, por eso los agarran" -continuó Alberto instruyendo a sus noveles secuaces. "Lo primero que hay que hacer es tapar la patente del coche"-y acto seguido salió a la calle con una cinta aisladora y llevó a cabo su consejo. Luego partieron los cuatro por la ancha y rápida avenida que conduce al inicio de una vida holgada y sin penurias económicas, plena de mujeres hermosas y dinero fácil y dinero hermoso y mujeres fáciles, viceversamente. "Paremos primero en los jueguitos"- dijo Bernardo, que era y sigue siendo un inmaduro del orto. Bajaron los cuatro y se pusieron a jugar a los jueguitos electrónicos en el local del cual eran asiduos y al pedo concurrentes. Jugaron como sólo saben jugar los niños y los imbéciles: con una emoción y una concentración tal que les impidió ver que en la puerta del local, un Carabinieri, linterna en mano, inspeccionaba por los cuatro costados el sospechoso vehículo de patentes ocultas. Después el rati ingresó al local y en voz alta preguntó quién era el dueño del vehículo allí estacionado. Alberto, Bernardo, Carmelo y Dontato continuaron siendo ellos mismos, es decir, se hicieron los pelotudos. Ante la insistencia del policía, Carmelo se hizo cargo del automóvil levantando tímidamente la mano. Salieron los cuatro del local junto al policía, el cual quiso saber: ¿E ma Perché il veicolo è nascosto brevetti? (¿Por qué el vehículo tíene las patentes tapadas?) -"Yo no sé nada oficial…", "tal vez haya sido alguien que pasó por ahí y quiso hacernos una broma", comenzaron a tartamudear Carmelo y Donato, futuros asaltantes ahora en problemas. El poli, que desde afuera del coche recorría el interior del mismo con la luz de la linterna, detuvo de pronto el haz luminoso sobre el asiento trasero, en donde resplandecía un comprometedor rollo de cinta aisladora, curiosamente del mismo color que el que tapaba la patente. Final de la historia: los cuatro fueron llevados a la estación de policía. Zafaron porque eran tan nabos que ni siquiera tenían prontuario. A mi me hubiese encantado tener cuatro amigos gángster para contárselo a las minas y hacerme el importante. Cuando en cambio les cuento esta historia ridícula y humillante, se me cagan de risa en la cara y preguntan: -"Y esos giles tenés de amigos?" Yo dudo unos segundos, pero al final termino diciendo que sí.

Qué le voy a hacer, esto es lo que hay y me tengo que conformar.
Yo tampoco soy Brad Pitt en tanga.


***********************

No hay comentarios: