lunes, 5 de abril de 2010

AYUDANTE DE BOQUETERO, SE OFRECE

A mi me hubiese encantado tener amigos boqueteros. Amigos que vengan y me digan: - “Che, loco, stamo haciendo un aujero, stamo; ¿te prendés?”. Pero no, nunca sucedió; y viendo lo nabos que son mis amigos, tampoco hay esperanzas de que pase en un futuro no muy lejano. A lo sumo te invitan a un asado, o una boludés por el estilo; y encima te piden que lleves un vino; pero boquetes, jamás.
A mi me encantan los boqueteros. Son mis ídolos de verdad; están a la misma altura que Lennon, Chaplín y el Diego. Son verdaderos artistas que les roban a los bancos, las instituciones más canallas y depravadas que existen. Encima lo hacen sin armas, con estilo e inteligencia. Y sus robos pasan a la historia como obras de arte de una delicadeza y una precisión extremas. Yo creo en realidad que todo el mundo los admira secretamente, pero nadie tiene los güebos para decirlo en público. Una vez allá por el año 2006 cuando estaban dando la noticia de “el robo del siglo” por canal 13, a mi me pareció que Santo Biasatti esbozaba algo así como un asomo de sonrisa; no sé, me pareció. Para mí que el tipó tenía ganas de estallar en carcajadas y decir algo así como que “Aguanten los boqueteros, carajo!!!”, pero que al final no se animó por miedo a que le den una patada en el orto y lo echen del canal. Pienso que ningún hombre de bien puede condenar seriamente sus acciones; salvo, claro está, los dueños de los bancos; pero esos no cuentan, porque yo dije hombres de bien. Si yo hubiera sido amigo de los chabones que afanaron el Banco Río de Acasuso, les hubiera dicho: “Está bien, me prendo”. Hubiese llevado una camarita portátil para filmar desde el inicio del plan; desde cuando estábamos todos reunidos por primera vez, tomando una birra y con los planos arriba de la mesa, hasta cuando nos escapábamos con el gomón. Semanas o meses de fimación en crudo, sin procesar. Luego dejamos pasar un tiempo. Dejamos que los noticieros y las radios y las revistas hablen del afano hasta el hartazgo durante las semanas posteriores al robo. Cuando con el tiempo la noticia comienza a diluirse de a poco, ahí tiramos la bomba, la vuelta de tuerca magistral, la que nos garantiza la entrada en la inmortalidad: nos entregamos, de la mano de un boga de tenga una poronga de 40 centímetros. Devolvemos el dinero y pedimos la excarcelación. Un boga con una poronga de 40 centímetros puede conseguir eso y más. Sobre todo, si se tiene en cuenta que no se usaron armas y que no existe el robo, ya que el dinero se devuelve intacto. Así que la carátula no sé cuál sería. Robo seguro que no. El delito que fuere, sería un delito menor y por lo tanto excarcelable; no caben dudas. A lo sumo le pagamos al banco la pared rota. La papa está en las grabaciones en crudo. Nos ponemos en contacto con algún productor de Hollywood y se las vendemos para que editen las grabaciones y hagan con ellas la películas más espectacular jamás filmada. Un afano real, totalmente documentado durante meses. Las reuniones planificando todo, las conversaciones entre nosotros, las bromas eventuales, cómo se hizo el tunel, la hora del almuerzo, las historias individuales contadas por los propios protagonistas, etc. Algo así como un “reality” extremo. Una película así recaudaría decenas de veces más que cualquier botín afanado, con la ventaja que se puede disfrutar el dinero en forma legal, sin tener que estar prófugo. Y te hacés famoso como Ronnie Briggs, el del afano al tren, que incluso llegó a cantar con los Sex Pistols. Yo cantaría con el Piti Alvarez mientras que alguna admiradora me chupa la pija desde abajo del escenario; no sé, algo haría. Pero bueno, retomando el tema: yo no sé como a nadie se le ocurrió esto hasta ahora. O los boqueteros son tan nabos como mis amigos, o yo soy un vivo bárbaro. Por las dudas, si algún boquetero me está leyendo, le dejo acá mi celular y mi email: 1154794582, ivan_tchakoff@hotmail.com. Yo llevo la camarita y una botella de vino. 

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