No recuerdo qué escritor, al ser interpelado por otro tipo a fin de dirimir un asunto filosófico que los enfrentaba, dijo una vez: “Bueno, yo te voy a explicar. Partamos de la base de que yo tengo razón.” El hijo de puta me hizo cagar de risa, ya que lógicamente comprendí que se trataba de una broma que no excluía cierto cinismo.